República Dominicana: panorama general

Durante las dos últimas décadas, República Dominicana se ha establecido como una de las economías de más rápido crecimiento en las Américas – con una tasa de crecimiento medio del PIB real del 5,4% entre 1992 y 2014. La RD sigue siendo la economía más rápida en la región en 2014 y 2015, con un PIB real que se sitúa en el 7 por ciento. El reciente crecimiento ha sido impulsado por la construcción, la manufactura y el turismo. Por el lado de la demanda, el consumo privado ha sido recientemente fuerte, como resultado de una inflación baja (por debajo del 1%, en promedio, en el 2015), la creación de empleo, así como el alto nivel de remesas, según informe del Banco Mundial.

A pesar de su fuerte crecimiento y la estabilidad macroeconómica, el país no ha sido testigo de importantes mejoras en el bienestar, hasta hace muy poco. La pobreza aumentó de 32 por ciento en 2000 a casi el 50 por ciento en 2004 a raíz de la crisis financiera y económica de 2003, antes de la disminución gradual al 41 por ciento en 2013 y una brusca caída en los últimos dos años hacia tasas prevalecientes en el año 2000.

Según el Doing Business del Grupo del Banco Mundial de 2016, la RD sigue siendo una de las 15 principales economías en el índice de facilidad de hacer negocios en América Latina. En las últimas décadas, el país también ha transformado su base económica y ha diversificado sus exportaciones. Las mejoras en el clima de negocios han facilitado el comercio internacional e impulsado el crecimiento de las exportaciones. Sin embargo, se necesitan más reformas para mantener su competitividad en la región y más allá.

Desafíos para el crecimiento inclusivo

El Presidente Danilo Medina y el Partido de la Liberación Dominicana obtuvieron una segunda victoria electoral en mayo de 2016 luego de una reforma constitucional en 2015 que le permitió un segundo mandato consecutivo. El nuevo gobierno se instaló en agosto de 2016 y tendrá la oportunidad de:

Mejorar el clima de inversión para impulsar la creación de empleo: sectores de alto coeficiente de empleo tradicionales como la manufactura han crecido a un ritmo más lento en los últimos años que, por ejemplo, las telecomunicaciones y la minería, que tienden a generar menos puestos de trabajo. Desde el año 2000, una gran parte de los puestos de trabajo creados en las industrias ha sido poco cualificados y más bajos de productividad en el sector informal. Como resultado de la crisis de 2003, los salarios reales se redujeron en un 27 por ciento en comparación con 2000 y no se han recuperado, aun cuando la productividad laboral ha aumentado significativamente en los sectores de mayor crecimiento. Mejorar la competitividad y el clima de inversión, asegurando fuertes encadenamientos hacia atrás desde  turismo y las zonas francas de exportación hasta la manufactura y la agricultura, el fortalecimiento de la calidad de la educación y la aplicación de políticas de capacitación laboral, podría ayudar a crear más y mejores puestos de trabajo.

Promover una política fiscal equitativa, eficiente, transparente y sostenible: se han dado pasos importantes para fortalecer la transparencia fiscal y la gestión de la deuda desde 2013. La proporción de los ingresos sobre el PIB (menos del 14%, en promedio, los últimos 4 años) es una de las más baja en la región, y el sistema tributario se basa en gran medida de los impuestos indirectos, que tienden a ser menos progresivos. En cuanto al gasto, los desafíos clave incluyen la financiación suficiente de los servicios públicos básicos como el agua y el saneamiento, la educación de calidad y la salud. La reorientación de las asignaciones presupuestarias hacia el logro de resultados de calidad y el fortalecimiento de los sistemas públicos de gestión financiera, continúan siendo prioridades básicas para una política fiscal eficiente y transparente.

Mejorar la prestación de servicios públicos para llegar a las personas que viven en la pobreza: La RD ha adoptado medidas importantes en los últimos años para ampliar la cobertura de las redes de seguridad social, mejorar la focalización y transferencias condicionadas y mejorar la educación y la salud. La cobertura también se ha expandido significativamente en términos de servicios clave, tales como el Servicio Nacional de Salud y medicamentos esenciales. Un esfuerzo particularmente importante ha sido la asignación de un presupuesto equivalente al 4 por ciento del PIB a la educación pre-terciaria (frente al 2,3 por ciento en 2012), que ha permitido la construcción de miles de aulas para reducir el hacinamiento y permitir jornadas escolares más completas y por lo tanto más aprendizaje.

Al mismo tiempo, el acceso a los servicios públicos básicos sigue siendo desigual y es generalmente de baja calidad, sobre todo para las personas que viven en la pobreza. Una mejor focalización de los programas, el seguimiento y la evaluación, y la creación de capacidad, junto con incentivos tales como la financiación basada en los resultados, podría ayudar a mejorar la prestación de servicios.